La demencia y el lenguaje

La demencia es una enfermedad crónico degenerativa que consiste en la pérdida o debilitamiento de las facultades mentales, generalmente grave y progresivo, que se caracteriza por alteraciones de la memoria, la razón y trastornos en la conducta.
 
Si bien en la demencia, el síntoma más característico es la pérdida de la memoria, esta enfermedad afecta otros aspectos de la persona que la padece. Entre estos se encuentra el deterioro de funciones cognitivas: alteración de la memoria, que es el síntoma más característico; alteraciones del lenguaje; alteraciones en el  reconocimiento; y funciones ejecutivas que se pueden definir como el conjunto de capacidades cognitivas necesarias para controlar y autorregular la propia conducta, son lo que nos permite establecer, mantener, supervisar, corregir y alcanzar un plan de acción dirigido a una meta.
 
En esta ocasión nos enfocaremos en las alteraciones que se dan a nivel del lenguaje en la demencia y la manera en la que estas alteraciones van apareciendo a medida que la enfermedad avanza.
 
En ocasiones, la habilidad del lenguaje se da por sentada y no se dimensiona su importancia. El lenguaje es una herramienta muy valiosa para comunicarnos con los demás, desde comunicar nuestras necesidades básicas, hasta expresar los más complejos sentimientos.
 
En medida que disminuye la memoria y otras funciones cognitivas, se afecta también la capacidad para comprender y producir el lenguaje, si a eso se suman otros problemas conocidos de la demencia como las alteraciones en la memoria y conducta, como alucinaciones y conductas repetitivas, no es de extrañarse que sea común que las personas con demencia no logren comunicarse adecuadamente.
 
En fases iniciales de la demencia, las personas pueden olvidar rápidamente lo que acaban de escuchar, además pueden repetir lo que ya han dicho, es por eso que frecuentemente pueden perder el hilo de la conversación, estos cambios son muy importantes porque pueden ser los primeros síntomas detectables por la persona y por sus seres cercanos. Al percatarse tempranamente de estos síntomas, se puede dar una atención más temprana a las personas.
 
En una fase intermedia de la enfermedad, las personas suelen estar desorientadas en tiempo, es decir, no saben qué fecha o día de la semana es; y en espacio, no saben en dónde están, en esta fase tienen episodios más graves de déficit de memoria, presentan dificultad para recordar hechos recientes y en cuanto al lenguaje, su producción verbal, es reducida, menos elaborada y de menor efectividad.
 
En las etapas finales de la demencia, las personas tienen serios problemas de percepción, atención, codificación, recuperación de información y sus funciones ejecutivas se ven gravemente comprometidas, para este momento, ya no cuentan con la capacidad para cuidar de sí mismos. En cuanto al lenguaje, las habilidades lingüísticas de nombrar, describir, escribir y conversar se ven gravemente comprometidas. Gran parte de la producción verbal de las personas al final del curso de la demencia carecen de sentido, y muchos de ellos son incapaces de comunicar sus necesidades básicas.
 
Es importante desarrollar empatía hacia aquellas personas en las que por alguna razón su capacidad de comunicarse con los demás se ve disminuida, como en el caso de las personas que padecen demencia, para de esta manera evitar el aislamiento que conlleva la incapacidad para comunicarse con los demás de manera adecuada.
 
 
Dra. Irasema Sierra Ayala
Médico Familiar y Gerontóloga
Máster en Neurociencias

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