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Relato de una cuidadora: ¿En qué camino estás tú?

Creo que si estás leyendo esto es porque tenemos algo en común y es que tal vez eres una cuidadora. Según las estadísticas mundiales, cada 3 segundos aparece un nuevo caso de Alzheimer y haciendo una analogía es como si el tiempo se detuviera en nuestras casas al marcar el reloj esos tres segundos escogiendo a uno de nuestros familiares.
A partir de ese momento fue como inicié el calvario: tocar puertas, ir de consultorio en consultorio, hasta que por fin alguien nos recomendó a una gran doctora especialista en medicina interna y geriatría. Su nombre, Magdalena Garza Cantú, quien nos dio el diagnóstico y nos recomendó que iniciáramos inmediatamente el tratamiento, informándonos que esta enfermedad no tenía cura, que era irreversible, crónica  y degenerativa, pero que con un tratamiento adecuado se podría alargar el tiempo para disfrutar más a nuestro paciente.
Así mismo nos invitó al grupo de apoyo que ella dirigía. Yo acepté su invitación, me integré a él y en un abrir y cerrar de ojos ya llevo 9 años, en donde por interés propio comencé a conocer todo lo relacionado con el Alzheimer. A través de libros, de cursos y talleres que organiza la Asociación, así como a través de la revista que edita la misma, es como he descubierto la mejor manera de aprender sobre esta enfermedad.
Por lo tanto, considero que en la situación que enfrenta un cuidador solo hay dos caminos: involucrarse o alejarse. En el primero hay que aprender todo lo relacionado de la enfermedad y esto incluye por supuesto asistir a los grupos de apoyo. Estos lugares son un gran alivio para el cuidador, ya que ahí es donde expresamos nuestras dudas  que al principio son muchas, pero al paso del tiempo y sin darnos cuenta se van resolviendo.
Cada vez que llegan nuevos integrantes, observamos en sus rostros su desesperación, inquietud y angustia, inclusive rompen en llanto por las situaciones difíciles que están pasando, pero afortunadamente con nuestra  experiencia intentamos ayudarlos en su difícil camino. Y así, vamos formando una cadena en donde nos vamos haciendo personas capacitadas sin perder nuestro objetivo central que es darle a nuestros pacientes una buena calidad de vida, aprendiendo los síntomas de cada etapa que se van presentando y cómo manejarlos.

Por eso, te invito a que disfrutemos los momentos alegres, chuscos y divertidos, que te dará tu familiar pues no todo es tristeza, depresión y angustia. Aprovecha el lado bondadoso de la enfermedad y no te quedes con las ganas de decirle y demostrarle todo lo que los amas…. si es que antes nunca se los dijiste.

El segundo camino del que te hablaba es desligarte totalmente del cuidado de tu paciente, sobre todo si no te quieres involucrar con tu familia para cuidarlo, argumentando mil y un pretextos para no apoyar, llegando a veces a desintegrarse la familia por estas malas decisiones; por lo que te pregunto:

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