El privilegio del cuidador

Después de una larga noche llena de gritos y lamentos y casi sin dormir, Guillermo se prepara junto a su madre enferma de Alzhéimer a recibir la visita de sus hermanos, quienes después de 6 largos meses y viviendo a tan solo 15 minutos de la casa paterna, no habían tenido tiempo de visitar a la que los trajo al mundo, a quien los amamantó de niños, la que no durmió por largos periodos cuidando sus enfermedades sin esperar pago alguno.
La espera pone a Guillermo tenso y ansioso por momentos, ya que aparte de soportar los maltratos del enfermo derivados del padecimiento, hoy toca responder las preguntas de las visitas y aguantar su condescendencia envuelta en falsas sonrisas.
¿Cómo está mamá?, ¿qué comió?, ¿qué dice el doctor?, ¿cuánto se ha gastado?, ¿por qué tanto?, cuestionamientos que suenan vacíos y faltos de atención e interés, ya que quienes padecen esta enfermedad llevan una vida realmente sin grandes cambios. La dieta es la misma, los medicamentos son los mismos, y los doctores dicen lo mismo, no así la vida de Guillermo, que sufre cambios de todo tipo. Nadie le pregunta cómo está o si ya comió, toda la familia da por hecho que a él no le pasa absolutamente nada, que está bien y hasta lo ignoran.
Se hace cargo de todos los gastos médicos y de manutención de su madre, sin olvidar la tremenda carga emocional que conllevan los cuidados de una persona enferma, aparte de la serie de comentarios fuera de lugar alrededor de su persona.
Todos olvidan que Guillermo tenía proyectos, ilusiones y ambiciones normales como cualquier ser humano y que se truncaron al llegar la enfermedad.
Su vida cambió repentinamente, sin embargo el gran amor por su madre lo llevó a tener que cambiar la construcción por la medicina. Hoy todos preguntarán por el enfermo, pero por el cuidador nadie lo hará.
Aquí surge la interrogante ¿cuál es la clave de un cuidador? El perdón sin lugar a dudas, de otra manera no podría sobrevivir a tantas desilusiones y engaños de promesas incumplidas que sufre a diario por parte de hermanos, tíos, sobrinos, hijos o amigos. Para que esto funcione él, cuidador, diariamente alza sus plegarias y estas sostienen la esperanza de que las cosas mejoren.
Al mismo tiempo el perdón crece silenciosamente en el corazón de Guillermo y este lo impulsa a seguir su tarea celestial.
Ser cuidador definitivamente es un privilegio negado a muchos por carencia de amor, he ahí la dificultad de encontrar cuidadores aún dentro de la misma familia, la providencia es de pocos, diríamos de muy pocos, pero esta se abre ante quienes toman como estandarte las palabras honra a tu padre y a tu madre.
A LA MEMORIA DE MI GRAN AMIGO MEMO

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