El Alzheimer y los niños

Es maravillosa la imagen que un niño tiene de su abuelo, no los perciben como viejos, sino como personas activas que pueden realizar todas las actividades como sus padres. En un boletín español sobre el envejecimiento, los niños de 8 a 10 años los ven como prolongación de sus padres: entre los 10 y 12 años como personas autónomas y entre los 11 y 14 años como colegas. Son sus cómplices, los que los consienten, los que los malcrían. Cuando los abuelos entran por la puerta, la disciplina sale por la ventana.
El Alzheimer golpea el cerebro del abuelo y el corazón de la familia. Este tipo de demencia crea un impacto inmenso en todos, incluyendo a los niños, a los cuales se les tiende a ocultar la noticia. Mas los niños al explicarles, aceptan la enfermedad y hablan positivamente de sus abuelos ya que mantienen los recuerdos compartidos por ambos previos a la misma.
Entonces, ¿cuándo es recomendable decírselos?, ¿cómo decírselos? Aquí les dejo información que les puede ser de ayuda.

  • Dar información clara, concisa y adaptada a cada niño

Los niños desarrollan su inteligencia desde que nacen, alrededor de los 2 a 3 años su pensamiento es básico, entienden de emociones y aspectos de la vida diaria. Posteriormente de los 3 a los 6 años utilizan habilidades de memoria e imaginación, son más intuitivos. De los 6 a los 12 años tienen más habilidad para resolver problemas y pensar en acciones coherentes y lógicas. (Piaget’s stages of cognitive development)
Por eso es importante alrededor de esta etapa explicarles lo que le pasa a su abuelo, pues ya se dan cuenta de que algo anda mal. Decirles que el abuelo está enfermo y por eso puede ser que se comporte de manera diferente, a veces malhumorado, a veces gruñón, desesperado por no recordar palabras o actividades sencillas. Hay que tenerles paciencia, resolver todas sus dudas y ayudarles a entender, fomentando el respeto y la convivencia con ellos. Podríamos explicarles con dibujos o con cuentos sobre cómo funciona el cerebro y qué es lo que ocurre en la enfermedad de Alzheimer.(Ejemplos de libros: “¿Qué tiene el abuelo?”, Dra. Merce Boada, Grupo Saned. “Me gustan los globos”, Pablo Caracol, Ed. Narval. “La abuela necesita besitos” Ana Berguen y Carme Sala, Ed. Proteus, mayores de 7 años. “Mi abuela tiene… Verónica Van Den Abeele, Ed. SM, de 3-6 años. “Oyendo campanas”, Antonio De Benito, Ed. Antonio de Benito, mayores de 7 años. “Abuelita, ¿te acuerdas?, Laura Langston, Ed. Beascoa, niños de3-6 años. “Hilos de colores” Elena Ferrándiz).
Otra opción puede ser por medio de juegos, como tratar de definir un animal o una cosa sin que éste pueda decir su nombre, así puede explicarle que para las personas que padecen la enfermedad es difícil utilizar correctamente las palabras y muchas veces lo olvidan. Jugar a recordar una serie de palabras o números e ir aumentándolos en número y complejidad puede ser otra opción, la cual hará entender al niño la función de la memoria y el privilegio de tener una mente joven y despierta.
De los 12 a los 18 años ya son capaces de aprender y aplicar información general necesaria para adaptarse a situaciones específicas. Piensan en muchas posibilidades ante un problema, razonan, utilizan la lógica. Es una etapa difícil pues ante la noticia pueden sentirse confundidos o asustados ante el comportamiento o acciones de su ser querido, además de frustrados por algunas conductas o sentirse inseguros de cómo comportarse. Todos son sentimientos normales que hay que aprender a manejar, como cualquier adulto, y esto se puede hacer con adecuada información o ayuda. A ellos podríamos implicarlos más en las atenciones hacia su abuelo, y promover que se fortalezca el vínculo afectivo entre ellos.

  • Buscar el momento más adecuado para hablar del tema

Es importante decirlo con anticipación, darles tiempo de hacer preguntas y captar sus inquietudes. Un cambio en la rutina del abuelo (dejar de conducir, tener una persona que lo asiste) puede ser buena manera de iniciar la conversación.

  • Permitir que afloren sus sentimientos sin juzgarlos

Los niños tienen dificultad a la hora de expresar verbalmente sus emociones. No es fácil identificarlas ni exteriorizarlas, porque muchas veces ni siquiera las comprenden, solo saben que se sienten mal. La noticia de una enfermedad progresiva en un ser querido también representa un proceso de duelo, el cual lleva tiempo aceptar. Hay que tener mucha comunicación con ellos y ganarnos su confianza, si nos muestran lo que sienten será más fácil ayudarlos.(El duelo en la infancia: el apoyo psicológico desde la familia, la terapia y la escuela. Irati Mariscal)     
Entre los sentimientos positivos que más refieren en relación con sus abuelos destacan: cariño, amor y satisfacción por ayudar en el cuidado de su abuelo. Los sentimientos negativos más comunes que presentan son tristeza, preocupación y coraje ante la situación.
Algunos ejemplos de cómo pueden actuar:

  • Tristes por los cambios en su abuelo
  • Curiosos de cómo se desarrolla la enfermedad
  • Confundidos por como la persona actúa diferente o no la reconoce
  • Frustrados por las cosas nuevas que son necesarias hacer, como repetir palabras o frases
  • Culpables o resentidos por el tiempo y los recursos que la persona requiere de la familia
  • Asustados por como el afectado se comporta
  • Celosos por el tiempo adicional y atención que requiere el afectado
  • Preocupados porque él o alguna otra persona de la familia desarrolle la enfermedad
  • Avergonzados de tener visitas en su casa si la persona vive con él
  • Inseguros de cómo comportarse alrededor del afectado.

Ayudarlos a escribir sus pensamientos, expresarse en un diario o dibujar les puede traer tranquilidad. En ocasiones, consultar a un profesional (psicólogo infantil) es un recurso muy eficaz tanto para delimitar si se necesita cierta ayuda, como para poder aclararle conceptos y explicarle mejor sobre la enfermedad.
 

  • Pensar en actividades para realizar conjuntamente

Estas pueden ser buen recurso para propiciar el acercamiento. Por mencionar algunas:

  • Tareas automatizadas (doblar la ropa, poner la mesa, regar las plantas)
  • Mirar fotografías
  • Escuchar música
  • Ver alguna película o serie antigua (las de Disney son buena opción, o las caricaturas del Chavo del 8, ambos las conocen)
  • Realizar juegos de mesa (armar rompecabezas, jugar memorama, lotería)
  • Dibujar o pintar
  • Leer un libro o contar historias
  • Preparar alimentos sencillos (sándwich, molletes, jugo de naranja)
  • Caminar alrededor de un parque (si su estado físico y mental lo permite)

 

  • No forzar las situaciones.

Si el niño está asustado o incómodo por alguna conducta de su abuelo, no hay que forzar a que estén juntos, recordemos que la convivencia debe de ser agradable. Se puede hablar con el niño, explicarle, resolver sus inquietudes y volver a intentar el acercamiento en otra ocasión.
Espero que este artículo sea de ayuda para los niños y los papas de mis pacientes, que están pasando por esta difícil situación.  Que su paciencia, perseverancia y amor sea eterno.
 
Dra. Nadia Cristina Arias Peña.
Médico Pediatra.

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