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Caregiver covering senior patient with plaid

Cuidando al cuidador

Es esencial que el cuidador tenga una buena salud mental, física y emocional.

Te caes. Te levantas. Y prosigues la marcha. La vida no es fácil para nadie. Y menos lo es para aquellos dedicados por completo al cuidado de un ser querido afectado por alguna enfermedad neurodegenerativa. En este caso hablo de Alzheimer que es lo que conozco, es lo que me ha cambiado la vida. La tarea de cuidador sea de la enfermedad que sea, es emocionalmente hablando, igual de dura, dolorosa y compleja cuando la persona que la padece es plenamente dependiente de aquellos que le rodean.

Debemos ser conscientes de que una vez que un mal como lo puede ser el Alzheimer entra en nuestros hogares, nada vuelve a ser lo mismo: muchas familias se rompen, otras se unen todavía más de lo que estaban y por lo general, siempre acaba siendo una persona la que debe cargar plenamente con la responsabilidad de ser ese guía, ese faro, esa luz, ese referente al que sus enfermos se aferrarán. Hablo, obviamente, del cuidador principal.

El cuidador principal será el que marque los tiempos, el que tenga que tomar las decisiones de qué es lo mejor para el afectado, el que sufra más que cualquier otro miembro de su entorno y el que a la larga se convierta en la víctima principal de ese ladrón de recuerdos, cuando su ser querido haya perdido enteramente su capacidad de comunicarse con el mundo exterior.

A los cuidadores hay que cuidarlos. Debemos estar a su lado y tejer una red de apoyo real y firme para que no terminen por sucumbir ante el agotamiento y estrés producido por el enorme compromiso que su tarea conlleva. Siempre se le aconseja al cuidador que se cuide. Es fácil decirlo pero muy difícil de realizar para ellos. Sin apoyos, sin ayuda, sin gente alrededor que le aporte cariño y comparta con él ciertas responsabilidades, no podrá por sí mismo cuidarse como es debido. Es imposible, cuando se está dedicado en cuerpo y alma las veinticuatro horas al día, al servicio de alguien que con el paso del tiempo, será más y más dependiente.

A los que cuidan no se les debe dejar solos ni abandonar, como suele suceder en muchos casos a medida que la enfermedad progresa; su cometido requiere que tengan que dar más de sí mismos para cuidar del afectado. En ocasiones, las familias y los amigos se van alejando cuánto más progresa la enfermedad. Y eso, es un craso error y un acto de gran egoísmo por su parte.

No nos olvidemos ni de unos ni de otros. No permitamos que los cuidadores se sientan desprotegidos y aislados. Démosles amor. Tratemos de comprenderlos, de ponernos en su piel, de tenderles siempre una mano para no que sucumban. Y agradezcamos la gran labor que están realizando. Estemos a su lado en todo momento. Preguntémosles cómo están y en qué podemos ayudarles. Un cuidador bien atendido tendrá una mejor calidad de vida así como el enfermo del que cuida. Si no podemos salvar a los que padecen, como mínimo salvemos a aquellos que cuidan. 

                                                                         Artículo compartido por Vida Abuelo

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